LA INCLUSIÓN EN LA UNIVERSIDAD: EXPERIENCIA DE UNA REALIDAD
Este año he tenido la apasionante aventura de contar, en una de las asignaturas que imparto, con varias personas que presentan diagnóstico de diversidad funcional. La verdad que no es el primer año que me enfrento a ello, pero sí ha sido un curso donde se han unido muchos casos en el mismo grupo y, de todos ellos, uno en concreto que presentaba una situación compleja de sordoceguera. A pesar de la experiencia previa, de la formación acumulada en los 23 años de docencia, de vivir de alguna manera inmersa y sensibilizada en el contexto de discapacidad, todo lo aprendido de la mano de AIA me ha parecido hacer toda una maestría en sensibilización, creatividad y aprendizaje de vida.
Este estudiante es una persona tremendamente vocacional que dedica cada ápice de su ilusión a ser futuro fisioterapeuta. Es además un deportista nato que enfrenta cada día como una carrera que le acerca a la meta, es puro optimismo conjugado con realidad, es un ser lleno de competencias emocionales que te permite crecer en todas las esferas posibles.
Cuando este año mantuvimos la primera tutoría y conocí toda la situación diagnóstica que le envuelve, mi cabeza empezó a dar vueltas y vueltas a cómo podría adaptar una asignatura tan visual a su realidad y, a pesar de mi voluntad y creatividad no ha sido una tarea fácil pues transcribir todos los videos para su seguimiento antes de las clases, guiar con mis manos sus habilidades a la vez que atendía al resto de compañeros y colocarme frente a él para que pudiera seguir cada detalle, entre algunas acciones, han originado sacar más punta a las horas que el reloj marcaba cada día. Pero por otro lado, me ha enfrentado al mayor reto que como docente he podido tener hasta el momento, aportando a mi maleta de recursos todo un arsenal de momentos y vivencias.
De todas las experiencias y adaptaciones acumuladas, me gustaría destacar una específicamente por si pudiera ser faro para alguna otra persona docente que encuentre en el fondo la manera de resolver sus posibles obstáculos. Una práctica de la asignatura consistía en mostrar a través de un caso clínico la manera de evaluar a los niños y las niñas dentro del paradigma de Atención Temprana con la Escala de Brunet-Lezine-R. Esta herramienta te permite obtener la edad de desarrollo del caso en la esfera física, cognitiva, social y del lenguaje, pero para ello, se debe analizar la conducta del niño en diferentes items y contar el número de exitos y fracasos atendiendo a los niveles según la edad cronológica. Como quizás ya te puedas estar imaginando, algo bastante complejo cuando se carece de visión. La guía que mis palabras sirvieron para comprender si era éxito o fracaso en cada niño lo que la redacción del problema indicaba, los ábacos con piezas de diferentes formas según para cada una de las áreas evaluadas y trozos de plastilina para plasmar sobre la gráfica en relieve los niveles de desarrollo del caso analizado, permitieron a Ionut acercarse a este instrumento y comprender las fortalezas y limitaciones del supuesto práctico, así como empoderarse por verse capaz de conseguir las competencias de la práctica en el mismo nivel que el resto de personas que no tenían diagnóstico de discapacidad. Utilizo sus siglas por mantener en el anonimato de esta publicación pero su perseverancia y valor siempre quedarán grabadas en mis recuerdos. Gracias AIA por regalarme la experiencia más significativa como profesora.

Comentarios
Publicar un comentario