CARTAS PARA LIVIA: PRIMER CURSO
Fue un 6 de mayo de 2015 cuando apareciste en mi vida. Ni imagina lo importante que fue tu llegada a la escuela infantil pues, por un lado, abriste las puertas a muchos niños y niñas que se encuentran en situaciones especiales y, por otro, revolucionaste mi alma hasta el infinito y más allá. Y, es verdad que los inicios no fueron buenos, pues tu falta de tono te hacía muy cuesta arriba cualquier juego. No encontraba juguete que llamase tu atención, ni canción apropiada para hacerte brillar.
Recuerdo que, desde bien pequeñita y a pesar de esas limitaciones físicas, ya mostrabas tus dotes de artista, pues era verme aparecer por el aula y cerrabas bien cerrados tus ojitos, simulando que justo en ese momento te habías quedado dormida, y todo ello, para que yo no insistiera en nada.
Pero, obviaste quizás que yo también tenía gran empatía hacia ti, hasta el punto de ponerme en tu cabeza y saber esa estrategia tan pícara. Creo que de tanto y tanto insistir o quizás, porque encontré el mejor de los juguetes: EL AMOR, te abriste a mí de manera INCONDICIONAL. Y…desde ese instante de miradas y de entender que ambas estábamos en ese lugar porque teníamos un aprendizaje común, todo empezó a fluir y a brillar.
Celebraba cada día que me tocaba ir a verte y sentía que me abrazabas el alma cuando tus ojos mostraban ilusión y entusiasmo. Fuimos ganando confianza y con esfuerzo y trabajo en equipo, alcanzamos retos importantes. Cierto es que los primeros pasos tardaron mucho en llegar, pero los cimientos previos fueron cosidos con mucha ternura y enhebrados desde el respeto a tu propio ritmo.

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